El entrenador de la Albirroja habló con el corazón y confesó que dirigir a Paraguay lo marcó de una manera única.
Gustavo Alfaro ya no habla solo como entrenador de fútbol. Cada conferencia de prensa suya se convierte en una reflexión profunda sobre el deporte, la vida y la conexión con la gente. Esta vez, el técnico argentino fue más allá y dejó una frase que resume todo lo que está viviendo:
“Paraguay es algo muy fuerte en mi carrera.”
Con los ojos brillantes y la voz cargada de emoción, Alfaro explicó que para sobrevivir en el fútbol profesional muchas veces tuvo que “matar la pasión”, colocarse una coraza para no dejarse afectar por las críticas, la presión o el entorno. Sin embargo, confesó que en Paraguay no pudo —ni quiso— hacer eso.
La pasión paraguaya lo atraviesa por completo
Alfaro contó que es imposible no emocionarse cuando ve a un estadio lleno, niños en brazos, adultos mayores con bastones y la camiseta de Paraguay, familias enteras alentando, cantando con una energía difícil de explicar.
A pesar de haber vivido experiencias intensas en otras selecciones como la de Ecuador, reconoció que lo que vive en Paraguay supera todo lo anterior en cuanto a conexión emocional y sentido de pertenencia.
En sus palabras no hay pose, ni frases de ocasión. Hay entrega, admiración y una clara decisión de poner el alma en este proceso clasificatorio.
Una lucha que vale la pena
Para Alfaro, este desafío ya no es solo deportivo: es personal, humano, casi espiritual. Quiere corresponder al afecto recibido con hechos, y ese hecho es meter a Paraguay en el Mundial.
En su visión, la clasificación no solo sería una alegría futbolística, sino un acto de justicia hacia un pueblo que no deja de soñar y que lo ha adoptado como uno de los suyos.
Y lo dijo claro: Paraguay no es un trabajo más, es un desafío de vida.
La Albirroja se juega mucho, pero no está sola
Con un técnico que siente cada partido como una causa y una hinchada que no deja de alentar, la Selección Paraguaya se fortalece dentro y fuera de la cancha. La conexión entre Alfaro y el país está más viva que nunca, y el sueño del Mundial 2026 se alimenta también de ese lazo emocional que crece día a día.
Paraguay es algo muy fuerte en su carrera. Y tal vez, también sea lo más hermoso que le pasó.