Una propuesta turística innovadora y profundamente humana transforma a esta ciudad misionera en una experiencia única, donde los visitantes viven al ritmo de la comunidad.

En un contexto donde el turismo suele estar marcado por la velocidad, los itinerarios ajustados y las experiencias estandarizadas, Santa María de Fé propone exactamente lo contrario: un viaje que invita a desacelerar y a conectar con lo esencial. Este pueblo del departamento de Misiones logró convertir una idea simple en una transformación profunda, dando vida a un concepto que hoy redefine la forma de viajar en Paraguay, poniendo a las personas en el centro de toda la experiencia.
Ubicada a 242 kilómetros de Asunción, esta histórica ciudad de origen jesuítico desarrolló el proyecto “Hotel de Pueblo”, una iniciativa impulsada por la Senatur en conjunto con autoridades locales, que convierte a toda la comunidad en anfitriona. No se trata de un hotel convencional, sino de un modelo en el que las casas de familia, las tradiciones y la vida cotidiana forman parte del hospedaje, generando una experiencia auténtica y cercana para quienes llegan.



El atractivo principal no está en grandes infraestructuras ni en lujos artificiales, sino en la riqueza cultural y humana del lugar. Las casonas coloniales, los museos, las iglesias y los espacios históricos se integran con la vida diaria del pueblo, mientras que los visitantes pueden compartir actividades con los habitantes, desde talleres de bordado hasta experiencias de tallado en piedra, creando un vínculo directo con la identidad local.
La propuesta también se vive a través de los sentidos, especialmente en la gastronomía, donde platos tradicionales como el vori vori, el mbeyú y distintos guisos forman parte del recorrido. A esto se suman momentos simples pero significativos, como disfrutar un mate cocido en un corredor con vista al paisaje, acompañado por los sonidos naturales que caracterizan la tranquilidad del lugar.
Uno de los pilares más importantes del proyecto es su enfoque sostenible, ya que no se construyeron nuevas infraestructuras, sino que se puso en valor lo existente. Este modelo permite preservar el entorno, fortalecer la identidad cultural y generar una economía circular en la que cada experiencia turística impacta directamente en la comunidad, distribuyendo los beneficios de manera equitativa entre sus habitantes.


La propuesta no solo posiciona a Santa María de Fé como un destino innovador dentro del país, sino que también proyecta su modelo a nivel internacional como una alternativa replicable en otras comunidades con patrimonio histórico. De hecho, ya recibió reconocimiento en instancias globales vinculadas a buenas prácticas turísticas, destacando su enfoque humano y sostenible.


De cara a fechas clave como la Semana Santa, el interés por vivir esta experiencia sigue en crecimiento, con una demanda que anticipa ocupación total y confirma que el turismo puede tomar nuevos caminos cuando se construye desde la identidad, el respeto y la autenticidad de un pueblo que decidió mostrarse tal como es.