Después de 17 años, la banda australiana regresó a Buenos Aires con un show demoledor, cargado de clásicos, energía intacta y una conexión total con el público.

La espera terminó y el regreso de AC/DC a la Argentina se convirtió en una verdadera celebración del rock. Con un Estadio Monumental colmado por más de 70 mil personas, la banda australiana volvió a pisar un escenario que ya forma parte de su historia, reviviendo una conexión única con el público local que se mantiene intacta con el paso del tiempo.
Desde la previa, el clima anticipaba una noche especial. Las tribunas se llenaron de las clásicas “horns” rojas mientras sonaban clásicos de Black Sabbath como antesala, generando una atmósfera cargada de expectativa. Cuando las luces se apagaron y comenzó la animación en pantalla, el estadio estalló en un grito colectivo que marcó el inicio de una descarga eléctrica inolvidable.
El show arrancó sin rodeos con “If You Want Blood (You’ve Got It)”, dejando en claro desde el primer minuto que la banda venía a entregar todo. Brian Johnson saludó al público en español y la respuesta fue inmediata, mientras Angus Young, con su icónico uniforme escolar, recorría el escenario con su energía inagotable. La conexión fue total y creció aún más con la llegada de “Back in Black”, coreada de principio a fin.




La lista de temas funcionó como una máquina perfecta de hits, sin pausas ni concesiones. “Thunderstruck” desató uno de los momentos más intensos de la noche, acompañado por una puesta que simuló una tormenta eléctrica, mientras que “Hells Bells” reforzó la mística con la icónica campana descendiendo sobre el escenario, generando una de las imágenes más impactantes del show.
A lo largo del recital, clásicos como “Highway to Hell”, “Dirty Deeds”, “You Shook Me All Night Long” y “Shoot to Thrill” mantuvieron al público en un estado de euforia constante. La banda apostó a lo seguro, construyendo una seguidilla de himnos que fueron cantados como un ritual colectivo, confirmando que su repertorio sigue siendo uno de los más poderosos del rock.
Angus Young fue, una vez más, el gran protagonista sobre el escenario, desplegando su característico “duck walk” y solos de guitarra que encendieron al público. A su lado, la banda mostró una solidez que demuestra por qué, después de más de cinco décadas de trayectoria, siguen siendo una referencia indiscutida a nivel mundial.
El tramo final elevó aún más la intensidad con “T.N.T” y “For Those About to Rock”, acompañadas por una explosión de fuegos artificiales que iluminaron el Monumental y sellaron una noche que quedará en la memoria de los fans. No hubo lugar para la nostalgia pasiva: fue un show vivo, potente y absolutamente vigente.
El regreso de AC/DC no solo cumplió con las expectativas, sino que reafirmó su vínculo especial con el público argentino, ese que los convirtió en leyenda en River. La banda volvió a demostrar que su esencia no cambia: rock directo, sin filtros y con una energía que sigue atravesando generaciones.

