Un estudio afirma que tener algo (o alguien) de que hablar influye positivamente en la salud en comparaciones a otro tipo de conversaciones.
A lo largo de la historia, el chisme se volvió en una práctica muy común en la mayoría de las culturas y sociedades.
Compartir e intercambiar información, detalles o mejor aún, rumores sobre la vida de otras personas, ya sea por curiosidad o entretenimiento, es algo que permite establecer conexiones sociales.
Muy por encima de su mala fama o mejor dicho, mal uso, una nueva investigación científica reveló los beneficios que chismosear tiene para la salud.
El chisme también cumple una función social importante al punto que se calcula que más de dos tercios de las conversaciones diarias de la población mundial, involucran comentarios interpersonales o chismes.
Una investigación realizada por la Universidad de Pavía afirma que el cerebro tiende a generar más oxitocina, la denominada hormona de la felicidad, cuando las personas cuentan chismes o hablan sobre otras. El mismo efecto también se observa en otros momentos como cuando se besa o abraza a alguien.
Los investigadores igualmente encontraron que el acto de contar un chisme ayuda a reducir la segregación de cortisol, hormona asociada al estrés y conocida por aumentar la glucosa en la sangre.
En conclusión: ¡El chisme es bueno para la salud!