Los Blues golearon al PSG en una final inesperada y levantan por segunda vez el título mundial de clubes.
El Chelsea de Enzo Maresca dio el golpe definitivo en la final del Mundial de Clubes 2025 al vencer por 3-0 al Paris Saint-Germain, actual campeón de Europa, en el MetLife Stadium de Nueva Jersey. Con un fútbol sólido, intenso y sin fisuras, los londinenses levantaron el trofeo más importante del planeta a nivel de clubes por segunda vez en su historia.
El mediocampista ofensivo Cole Palmer fue la gran figura del partido, marcando un doblete a los 22 y 30 minutos, y asistiendo al brasileño João Pedro para el tercero antes del descanso. El PSG, dirigido por Luis Enrique, nunca logró encontrar su ritmo, a pesar de haber llegado a esta final con el cartel de favorito tras aplastar 4-0 al Real Madrid en semifinales.
El Chelsea, que venía de ganar la Conference League y cerrar cuarto en la Premier League, completó así una temporada inesperadamente brillante. Palmer fue imparable en el primer tiempo, rompiendo la defensa parisina por ambas bandas y dejando sin respuesta a Nuno Mendes y Lucas Beraldo. Su combinación de talento y frialdad frente al arco fue determinante para sentenciar el partido antes de los 45 minutos.

Del otro lado, el PSG pagó caro su bajón físico y anímico. Donnarumma tuvo intervenciones salvadoras que evitaron una goleada aún mayor, mientras que su equipo apenas logró inquietar al portero español Robert Sánchez, figura también con tapadas clave ante Dembélé, Doué y Vitinha.
La expulsión de João Neves a los 85 minutos fue el cierre amargo de una noche para el olvido en París. En cambio, los Blues celebraron con sus hinchas un título que parecía improbable a comienzos de temporada, consolidando el resurgir de un club que, tras años de millonarias inversiones, vuelve a la primera línea del fútbol mundial.
Esta final marcó también un hito histórico: fue la primera edición del Mundial de Clubes con 32 equipos, y Chelsea se convirtió en su primer campeón. La fiesta fue total, con 81.000 espectadores, show de artistas globales y un dominio absoluto en el campo de juego que le permitió al conjunto inglés ser, una vez más, campeón del mundo.
