Un nuevo estudio reveló que el ají, chile o jalapeño puede ayudarte a combatir la gripe en solo media hora. El picante no solo da sabor, también descongestiona y acelera la recuperación.

Si te agarró esa típica gripe de invierno con mocos, estornudos, presión en la cabeza y nariz tapada, puede que la solución no esté en la farmacia, sino en la cocina. Un reciente estudio científico puso el ojo en la capsaicina, el compuesto químico responsable del ardor que generan los ajíes, y descubrió que tiene un efecto descongestionante casi inmediato.
La investigación concluye que, al consumir picantes como ají, chile o jalapeño, se activan intensamente las mucosas, lo que acelera la expulsión de virus, reduce la presión en los senos paranasales, estimula el sudor y mejora la respiración.
¿Qué pasa cuando comés algo muy picante?
Los ojos se llenan de lágrimas, la nariz moquea, estornudás sin parar y la garganta se calienta. Lejos de ser un drama, eso es justamente lo que busca el cuerpo: liberarse rápido de todo lo que molesta.
La capsaicina no es magia, pero puede ofrecer más alivio que muchos medicamentos de venta libre. Además, no presenta los efectos secundarios comunes de los descongestivos como sequedad excesiva o somnolencia.
El efecto comienza a notarse a los 30 minutos de haber consumido algo picante. Claro que no se trata de abusar: si tenés el estómago sensible o padecés de úlcera, es mejor evitarlo. Pero para quienes toleran bien el picante, puede ser una forma natural y eficaz de destapar todo.
Eso sí: no reemplaza una buena hidratación, descanso o, si el cuadro empeora, la consulta médica. Pero en esos primeros días donde el cuerpo se siente lento y congestionado, un bocado de ají puede ser tu mejor aliado.
Así que ya sabés: antes de correr al botiquín, probá con una salsa bien brava, un bocado de locro picante o incluso un shot de caldo con jalapeño. Tu nariz te lo va a agradecer.