El siete veces campeón del mundo dejó atrás su millonaria flota de supercoches para apostar por una nueva pasión: el arte.
Lewis Hamilton, siempre en el foco por sus decisiones dentro y fuera de la pista, acaba de dar un giro inesperado en su vida personal. El británico, actual piloto de Ferrari, confirmó que vendió su célebre colección de autos de lujo, valuada en más de 16 millones de dólares, con el objetivo de iniciar una nueva etapa enfocada en el arte y en un estilo de vida más sostenible.
Entre las joyas que dejaron su garaje figuran un exclusivo McLaren F1 de 1995, el imponente Pagani Zonda 760 LH fabricado especialmente para él, varios modelos de LaFerrari, además de clásicos como un Shelby Cobra de 1966 y un Ford Mustang GT500 de 1967. Todos ellos, piezas codiciadas por coleccionistas de todo el mundo, ya no forman parte del patrimonio del siete veces campeón de la Fórmula 1.
Una nueva filosofía de vida
El propio Hamilton explicó que esta decisión responde a una visión más consciente sobre su estilo de vida. “Ya no siento la necesidad de tener una flota de supercoches”, declaró, dejando en claro que busca vivir de una manera más alineada con la sostenibilidad. El único vehículo que mantendrá es el Ferrari F40, al que definió como “una verdadera obra de arte” y que ahora parece simbolizar la unión entre su amor por los autos y su nueva inclinación hacia el mundo artístico.
El británico lleva tiempo demostrando que sus intereses van más allá de las carreras. Desde su incursión en la moda y la música, hasta su firme postura en temas medioambientales y sociales, Hamilton ha construido una identidad que trasciende al automovilismo. Esta decisión de vender sus supercoches no solo marca un cambio material, sino también una declaración de principios.
Un desafío deportivo pendiente
Mientras tanto, en la pista, Hamilton atraviesa un momento complejo. Tras su llegada a Ferrari, aún no logró subir al podio en esta temporada, lo que incrementa la presión en el histórico equipo italiano. El reto es grande: demostrar que, más allá de su transformación personal, sigue siendo un piloto competitivo capaz de pelear por victorias.
Con su legado asegurado en la Fórmula 1, el británico busca ahora un equilibrio entre su vida profesional y personal, donde el arte se perfila como el nuevo terreno donde desplegará su creatividad. Y aunque el rugido de sus antiguos supercoches ya no lo acompañe, Hamilton sigue acelerando hacia nuevas metas dentro y fuera del deporte.
