Con 7 goles y 20 triunfos ante Cerro Porteño, Richard Ortiz se consolida como uno de los grandes protagonistas en la historia moderna del Superclásico paraguayo y reafirma su lugar como líder indiscutido de Olimpia.
Hablar de clásicos es hablar de carácter, de temple y de jerarquía. Y en ese terreno, Richard Ortiz se mueve como en su casa. A los 35 años, el capitán franjeado no solo acumula estadísticas impactantes, sino que representa una forma de competir que trasciende los números. Cada vez que Olimpia enfrenta a Cerro Porteño, su figura crece, se impone y deja huella. No es casualidad que ya sume 20 victorias ante el tradicional rival vistiendo la camiseta del Decano.
Su más reciente actuación volvió a confirmar esa condición. El cabezazo que le dio el triunfo a Olimpia el sábado pasado no fue simplemente un gol más: fue otra página añadida a una historia que se viene escribiendo desde 2013, cuando marcó por primera vez en un clásico en Ciudad del Este. Desde entonces, cada conquista suya ante el Ciclón tuvo el mismo desenlace: victoria franjeada.
En 2016 firmó un doblete inolvidable en el 4-2 disputado en el Defensores del Chaco. En 2021 volvió a aparecer en la Supercopa Paraguay. En 2022 regaló una chilena memorable en La Nueva Olla. En 2024 celebró con una media volea en una goleada 3-0 con Martín Palermo como entrenador. Y en 2026, otra vez en barrio Obrero, su cabezazo selló un nuevo capítulo triunfal. Siete goles que no solo inflaron redes, sino que construyeron identidad.

Pero la grandeza de Richard no se explica únicamente por sus tantos. Su liderazgo es silencioso pero determinante. Ordena, equilibra, contagia intensidad y transmite seguridad en los momentos donde la presión asfixia. Hubo un tiempo en que fue cuestionado por parte de la hinchada, pero la constancia y el rendimiento terminaron transformando las dudas en admiración.

Con 48 clásicos disputados y 10 títulos oficiales en su palmarés con Olimpia, Ortiz se inscribe en una categoría reservada para futbolistas de época. Es el tipo de jugador que entiende el peso de la camiseta, que sabe cuándo acelerar y cuándo enfriar el partido, que no negocia entrega ni concentración.
Tras el último triunfo, resumió el espíritu del equipo con una frase que pinta su mentalidad: “Una más para el cuaderno”. No hay estridencias ni gestos grandilocuentes. Solo trabajo, convicción y compromiso colectivo. Para Richard, el clásico no es escenario de lucimiento individual, sino un territorio donde el grupo se fortalece.

El Superclásico paraguayo siempre tuvo nombres propios que marcaron generaciones. En la última década, uno de ellos es ineludible. Cada vez que la historia exige carácter, aparece el mismo protagonista. Y cuando el árbitro marca el final, la estadística vuelve a confirmarlo: si Richard marca, Olimpia gana.
