La selección del altiplano cayó 2-1 ante Irak en el repechaje y quedó fuera de la Copa del Mundo 2026, en un partido donde compitió, pero pagó caro sus errores.
Bolivia volvió a quedarse a las puertas de una Copa del Mundo y sumó una nueva frustración en su historia reciente. La derrota 2-1 ante Irak en el repechaje intercontinental marcó el final de su camino rumbo al Mundial 2026, en un partido que reflejó tanto sus virtudes como sus limitaciones lejos de la altura.
El inicio fue cuesta arriba desde muy temprano. Irak golpeó rápido con un gol de Ali Al-Hamadi a los diez minutos, aprovechando desajustes defensivos y marcando el ritmo de un encuentro que, desde ese momento, obligó a Bolivia a reaccionar.
A pesar del golpe, el equipo sudamericano logró recomponerse y encontró el empate antes del descanso gracias a Moisés Paniagua, que volvió a aparecer en un momento clave para sostener la ilusión de clasificación. Ese tramo mostró lo mejor de Bolivia, con actitud, presión y una respuesta anímica importante ante la adversidad.
Sin embargo, el complemento volvió a exponer las dificultades del equipo. Irak fue más efectivo y encontró el gol decisivo a través de Aymen Hussein, aprovechando nuevamente espacios en defensa y mostrando una contundencia que terminó marcando la diferencia en el resultado final.
Más allá del marcador, el partido dejó en evidencia una realidad que acompaña a Bolivia desde hace años: la dificultad de competir fuera de su contexto natural. Sin la altura como aliada, el equipo perdió una de sus principales fortalezas y no logró sostener el ritmo ni la intensidad ante un rival ordenado y efectivo.

Aun así, Bolivia tuvo momentos donde mostró carácter y buscó el empate hasta el final. Empujó, generó aproximaciones y mantuvo viva la esperanza, pero le faltó claridad en los metros finales y precisión en las decisiones ofensivas para cambiar el destino del encuentro.
El golpe es fuerte para una selección que soñaba con volver a un Mundial después de más de tres décadas. Haber alcanzado esta instancia ya representaba un avance, pero quedarse a un paso deja una sensación amarga difícil de digerir.
Ahora, el desafío será reconstruir desde esta experiencia. Bolivia demostró que puede competir, pero también dejó claro que necesita dar un salto de calidad si quiere volver a instalarse entre los equipos que pelean por un lugar en la máxima cita del fútbol mundial.










