Con 30 fechas completamente vendidas, el “Conejo Malo” no solo sacude la música: también impulsa el turismo y la economía de la isla en pleno verano.
Bad Bunny vuelve a hacer historia, esta vez no solo desde el escenario, sino también como motor de un fenómeno económico sin precedentes en su tierra natal. El artista puertorriqueño inicia este viernes su residencia «NO ME QUIERO IR DE AQUÍ» en el Coliseo de Puerto Rico, con un total de 30 conciertos previstos hasta el 14 de septiembre.
El impacto va más allá de lo artístico: según Discover Puerto Rico, la agencia oficial de promoción turística, se estima que estos shows generarán un impacto económico superior a los 200 millones de dólares, en un período que tradicionalmente es temporada baja en la isla.
La serie de conciertos agotó más de 400 mil entradas, pero el verdadero efecto dominó se refleja en los más de 600 mil visitantes que se espera arriben a Puerto Rico durante el ciclo, impulsando de manera notable sectores clave como el turismo, hotelería, gastronomía, transporte y comercio minorista.
Por ejemplo, las búsquedas de vuelos al destino aumentaron un 12% en comparación al mismo período del año pasado, y la ocupación hotelera proyectada para los próximos dos meses es un 70% superior al promedio habitual para estas fechas. A nivel macroeconómico, se estima que el evento podría sumar 0,15 puntos porcentuales al PBI de Puerto Rico, una cifra que subraya el poder de convocatoria y la influencia directa del artista en la economía local.
Con esta residencia, Bad Bunny también consolida su vínculo con el Coliseo José Miguel Agrelot, el recinto más emblemático del país, y marca un nuevo hito al convertir un ciclo de conciertos en una verdadera temporada alta para la isla.
Para el público sudamericano, la espera aún continúa: el “DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour” —con el que Bad Bunny recorrerá Europa, Latinoamérica y países donde nunca se presentó como Australia o Japón— llegará a la Argentina los días 13, 14 y 15 de febrero de 2026, en tres fechas ya agotadas.
Benito vuelve a demostrar que no es solo un fenómeno musical, sino una marca global capaz de mover industrias enteras. Y su tierra natal, esta vez, es la principal beneficiada.
