Cada 9 de junio se celebra el Día Mundial del Arpa Paraguaya, un homenaje al instrumento que simboliza nuestra identidad sonora, llevando la esencia del Paraguay al mundo.

El arpa paraguaya no es solo un instrumento musical. Es voz, es tierra, es tradición. Declarado Patrimonio Cultural de la Nación, el arpa se ha ganado el corazón de generaciones, atravesando fronteras y sonando en escenarios del mundo entero. Cada 9 de junio se conmemora el Día Mundial del Arpa Paraguaya, una fecha que nació para honrar la historia, el arte y la pasión de quienes hacen vibrar sus cuerdas con alma guaraní.
Esta fecha no fue elegida al azar: el 9 de junio recuerda el natalicio de Félix Pérez Cardozo, considerado el máximo exponente del arpa paraguaya y una figura esencial para su difusión y prestigio internacional. Nacido en 1908 en el departamento de Guairá, Pérez Cardozo llevó la polca y la guarania a niveles jamás imaginados, convirtiéndose en embajador sonoro de un país que encuentra en la música una forma de resistir, celebrar y existir.
La efeméride fue establecida oficialmente en 2010 por resolución del Congreso Nacional, y desde entonces, cada año se realizan actos culturales, conciertos, homenajes y festivales que celebran al arpa como símbolo de unidad nacional. La fecha ha cobrado relevancia también a nivel internacional, con actividades en países como Argentina, México, Japón, Francia y Estados Unidos, donde hay comunidades de arpistas paraguayos y admiradores de esta noble tradición.
El arpa paraguaya se distingue por su forma, su ligereza y su dulce sonoridad. Tiene entre 36 y 38 cuerdas y un timbre único que la diferencia del arpa clásica europea. Con ella se interpretan obras tradicionales, composiciones contemporáneas y hasta fusiones con otros géneros, demostrando su versatilidad y su poder de adaptación sin perder la esencia.
Además, es un símbolo de la transmisión oral: muchas arpistas y arpistas de renombre han aprendido de manera empírica, escuchando, observando y repitiendo desde la infancia. En cada ejecución hay una historia familiar, un paisaje del interior, una herencia que se mantiene viva.
Hoy más que nunca, el arpa paraguaya necesita espacios, apoyo y visibilidad. Su belleza no solo radica en el sonido que produce, sino en lo que representa: una patria que canta, que resiste y que sueña con las manos en las cuerdas.
Feliz Día Mundial del Arpa Paraguaya.
Que su música nos siga recordando de dónde venimos.