Tras una campaña inolvidable en el Mundial 2026, la Selección Paraguaya regresó al país y fue recibida por cientos de hinchas en el aeropuerto Silvio Pettirossi. El reconocimiento popular coronó un torneo que devolvió la ilusión al fútbol paraguayo.

La Selección Paraguaya regresó este lunes al país luego de su histórica participación en el Mundial 2026 y encontró el recibimiento que solo los equipos que dejan el alma en la cancha pueden recibir. Cientos de hinchas se congregaron en el aeropuerto internacional Silvio Pettirossi para ovacionar a un plantel que, más allá de la eliminación en los octavos de final, recuperó el orgullo y la identidad del fútbol paraguayo.
Mucho antes del aterrizaje del vuelo, las inmediaciones de la principal terminal aérea ya estaban teñidas de rojo, blanco y azul. Familias enteras, niños con la camiseta de la Albirroja, jóvenes y adultos mayores esperaban con banderas, bombos y cánticos a los futbolistas que protagonizaron una campaña que volvió a emocionar al país.
Cuando el avión finalmente tocó suelo paraguayo, la emoción se apoderó del lugar. Los aplausos y los tradicionales gritos de «¡Paraguay, Paraguay!» acompañaron la salida de los jugadores, quienes respondieron con saludos, sonrisas y gestos de agradecimiento hacia una afición que nunca dejó de creer en ellos.
Las escenas más emotivas llegaron con el reencuentro entre los futbolistas y sus familias. Abrazos interminables, lágrimas y sonrisas marcaron el regreso de una delegación que pasó varias semanas concentrada en el Mundial y que volvió con la satisfacción de haber representado al país con entrega y compromiso.
La campaña de la Albirroja será recordada como una de las más importantes de los últimos tiempos. Después de un inicio complicado, el equipo dirigido por Gustavo Alfaro logró reaccionar, superó la fase de grupos y protagonizó una histórica eliminación de Alemania en los dieciseisavos de final, antes de caer por la mínima diferencia frente a Francia en un partido que se definió por detalles.
Más allá del resultado final, Paraguay volvió a competir de igual a igual frente a las principales potencias del fútbol mundial. La solidez defensiva, el espíritu colectivo y la entrega permanente fueron las características de un equipo que nunca dejó de pelear y que recuperó el respeto internacional.
Ese compromiso fue precisamente el que reconocieron los hinchas en el aeropuerto. Para miles de paraguayos, la eliminación no opacó una actuación que devolvió la ilusión a un país que volvió a sentirse identificado con su selección. La Albirroja recuperó algo que trasciende cualquier clasificación: el sentido de pertenencia entre el equipo y su gente.
El regreso también simboliza el cierre de una campaña que dejó nuevos referentes, consolidó a jóvenes figuras y confirmó el impacto del proceso encabezado por Gustavo Alfaro. El Mundial terminó, pero también dejó una base sólida para afrontar los próximos desafíos con optimismo.
La Albirroja volvió sin levantar la copa, pero regresó con algo que ningún trofeo puede reemplazar: el cariño de todo un pueblo. El recibimiento en el Silvio Pettirossi fue la prueba de que el fútbol también se mide por la forma de competir, por el esfuerzo colectivo y por la capacidad de inspirar a millones de personas.