Richard Ortiz está a solo 14 partidos de alcanzar las 500 presentaciones con Olimpia, consolidándose como uno de los grandes símbolos contemporáneos del club franjeado.
La historia de Richard Ortiz con Olimpia se acerca a una cifra que lo ubica entre los nombres más grandes del club. El mediocampista está a 14 partidos de alcanzar las 500 presencias oficiales con la camiseta franjeada, una marca reservada solo para referentes absolutos de la institución.
Ortiz defiende los colores de Olimpia desde 2009 y, aunque su carrera tuvo breves interrupciones por pasos en el exterior y en el fútbol local —como Toluca de México y Libertad—, siempre encontró el camino de regreso a Para Uno. Esa constancia y sentido de pertenencia lo convirtieron en un emblema para varias generaciones de hinchas.
El presidente del club, Rodrigo Nogués, destacó públicamente el valor humano y deportivo del capitán. En declaraciones radiales, lo definió como “el termómetro, el corazón y el alma del equipo”, resaltando su influencia dentro del grupo y el nivel mostrado en el inicio de la temporada.
Más allá de los números, Ortiz representa liderazgo, carácter y compromiso. Sus compañeros confían en su palabra y en su ejemplo, y su deseo permanente de ganar y priorizar al club por encima de todo lo transformó en una figura respetada dentro y fuera del vestuario.
A sus 35 años, el mediocampista nacido en Villa Ygatimí, Canindeyú, es superado únicamente por otra leyenda franjeada como Ever Almeida en cantidad de partidos disputados. Su vigencia y regularidad explican por qué sigue siendo una pieza clave en el andamiaje del equipo.
Las cifras respaldan su peso histórico: Richard Ortiz acumula 486 partidos oficiales con Olimpia, debutó el 23 de agosto de 2009 y disputó 47 superclásicos, en los que marcó seis goles frente a Cerro Porteño. Números que confirman que su nombre ya está escrito en la historia grande del Decano.

Con cada partido, Ortiz se acerca a una marca que simboliza algo más que longevidad. Representa fidelidad, identidad y una relación indestructible entre un jugador y un club que lo considera, desde hace años, parte esencial de su ADN.
