Ídolo eterno del fútbol argentino y paraguayo, su legado sigue vivo a más de un siglo de su nacimiento.

Este fin de semana, el mundo del fútbol recordó con admiración y respeto a Arsenio Erico, uno de los jugadores más extraordinarios de todos los tiempos, al cumplirse 110 años de su nacimiento.
Nacido el 30 de Marzo de 1915 en Asunción, Paraguay, Erico no solo marcó época en su país natal, sino que dejó una huella imborrable en el fútbol argentino, donde se convirtió en el máximo goleador histórico de la Primera División, con 295 goles en 325 partidos, todos ellos con la camiseta de Independiente de Avellaneda.
Sus apodos lo dicen todo: El Saltarín Rojo, El Hombre de Goma, El Trampolín de América, El Paraguayo de Oro.
Cada sobrenombre refleja una parte de su esencia dentro de la cancha: La plasticidad de sus saltos, la destreza en el aire, su capacidad de anticipación y una calidad técnica pocas veces vista.
Arsenio fue un fenómeno que deslumbró a todos con su talento.
En plena Guerra del Chaco, fue enviado a una gira solidaria a la Argentina con la Selección Paraguaya, y allí lo descubrieron.
Con apenas 19 años, Independiente lo fichó y el resto es historia: Tres títulos con el club, récords aún imbatibles y un cariño eterno de la hinchada.
A pesar de recibir ofertas millonarias, incluso de clubes europeos, Erico siempre priorizó su amor por Independiente y por Paraguay.
Su humildad, elegancia y lealtad fuera del campo lo transformaron en un ícono más allá del deporte.
Falleció el 23 de julio de 1977, pero su figura se mantiene viva en la memoria colectiva del fútbol sudamericano.
En Paraguay, el Estadio del Club Nacional lleva su nombre; en Argentina, es venerado por generaciones enteras.
Hoy, 110 años después de su nacimiento, Arsenio Erico sigue siendo sinónimo de gol, arte y grandeza.