La cantante habló sin filtros en Las Vegas, explicó cómo reacciona su cuerpo al alcohol y adelantó que se alejará del foco mediático por un largo tiempo.
Durante uno de sus shows en Las Vegas, Adele volvió a demostrar por qué su honestidad conecta tanto con el público. Entre canciones y risas, la artista reveló que puede llegar a tomar grandes cantidades de vino blanco sin perder la sobriedad ni la lucidez, algo que desató sorpresa y comentarios inmediatos entre los asistentes.
Según contó desde el escenario, el vino no le genera mayores inconvenientes y le permite incluso mantener una conversación normal después de beber. Sin embargo, fue tajante al diferenciarlo del alcohol fuerte: con apenas unos tragos, aseguró que pierde el control emocional, motivo por el cual decidió evitarlo por completo en su vida cotidiana.
En ese contexto, Adele fue especialmente dura con el tequila. Confesó que esa bebida la vuelve agresiva y le provoca ansiedad durante varios días posteriores, una experiencia que describió entre risas pero con total franqueza. “Me pone violenta”, lanzó, fiel a su estilo directo y sin maquillaje discursivo.
Más allá de la anécdota, la cantante también aprovechó el momento para hablar de su presente personal y profesional. Aseguró que atraviesa la recta final de su residencia en Las Vegas y que, una vez concluida, planea alejarse del foco mediático por un largo período, con la intención de reencontrarse con otras facetas de su vida lejos de los escenarios.
Con humor, sinceridad y una cercanía poco habitual en figuras de su nivel, Adele volvió a generar conversación global, confirmando que su vínculo con el público va mucho más allá de su voz y sus canciones.
