La Albirroja vuelve a la cita máxima y quedó en un grupo que promete emoción y desafíos fuertes.

Paraguay vivió una jornada histórica con el sorteo del Mundial 2026, que confirmó a la Selección Nacional en el Grupo D junto a Estados Unidos, Australia y un rival europeo que se definirá en los repechajes entre Turquía, Rumanía, Eslovaquia o Kosovo. Después de tres Copas del Mundo sin presencia guaraní, el regreso se siente como una reparación deportiva y un impulso de esperanza para millones de hinchas que volvieron a ilusionarse.


El debut será de altísima intensidad: Estados Unidos, anfitrión del torneo, espera a Paraguay en Los Ángeles para el primer partido del grupo. Luego llegará el duelo ante Australia, un equipo siempre competitivo en este tipo de citas, y el cierre será frente al europeo clasificado, un rival que completa un grupo exigente pero lleno de oportunidades para mostrar la identidad futbolística paraguaya.

Este sorteo también movió el tablero sudamericano. Brasil evitó un grupo duro, mientras que Argentina quedó ante un cuadro más complejo. En ese contexto, Paraguay aparece en un grupo que no es sencillo, pero tampoco imposible si el equipo logra sostener la intensidad, la preparación física y la mentalidad que Gustavo Alfaro viene construyendo desde su llegada.
Para el plantel, esta clasificación representa mucho más que un boleto: es el fin de un ciclo de ausencias que comenzó tras Sudáfrica 2010 y que hoy se cierra con un equipo que recuperó identidad, compromiso y competitividad. Volver significa volver a creer, volver a competir y volver a escribir una historia mundialista que se había detenido durante demasiado tiempo.


El Mundial 2026 será el primero con 48 selecciones, y Paraguay estará ahí, listo para volver a demostrar que la garra no se negocia. Con un grupo desafiante y un país que late detrás, la Albirroja inicia un camino que promete emoción, ambición y un sueño que vuelve a tomar forma.
