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¿Existe un día para homenajear monumentos y sitios históricos?

Sí, existe. Hoy el mundo recuerda la importancia de conservar los lugares que cuentan nuestra historia. Un llamado global a valorar el patrimonio cultural que nos define como humanidad.

El 18 de Abril se conmemora el Día Internacional de los Monumentos y Sitios Históricos, una fecha propuesta por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) y aprobada por la UNESCO en 1983, con el fin de promover la conciencia sobre el valor de nuestro patrimonio cultural, y la importancia de su conservación y protección.

Los monumentos, sitios arqueológicos, centros históricos, ruinas y templos no son solo estructuras de piedra o adobe.

Son testimonios vivos del pasado, reflejos de nuestras raíces y de las civilizaciones que nos precedieron.

Desde las imponentes pirámides de Egipto hasta las misiones jesuíticas de Paraguay, todos tienen una historia que contar.

Este día busca también resaltar los desafíos que enfrentan estos lugares: El paso del tiempo, el abandono, el cambio climático, la urbanización desmedida o los conflictos armados.

En muchos casos, el riesgo de perder estos espacios es real, y la única forma de protegerlos es con educación, conciencia y políticas de conservación sostenidas.

Patrimonios que emocionan

A nivel mundial, existen joyas arquitectónicas y culturales reconocidas como Patrimonio de la Humanidad: la Gran Muralla China, el Taj Mahal en la India, las islas atlánticas brasileñas, Abu Mena en Egipto o la Catedral de Chartres en Francia, por citar solo algunos.

Paraguay también cuenta con sitios de enorme valor histórico y patrimonial, como las Misiones Jesuíticas Guaraníes de la Santísima Trinidad del Paraná y Jesús de Tavarangüé, declaradas Patrimonio Mundial en 1993.

Estos sitios no solo atraen turistas, sino que refuerzan nuestra identidad cultural.

¿Qué podemos hacer?

Más allá de los grandes monumentos, cada comunidad tiene sitios que merecen ser cuidados: Capillas antiguas, plazas, cementerios históricos, estaciones de tren o casas coloniales.

Cuidarlos es un acto de amor y memoria.

Este 18 de Abril, la invitación es clara: Conocer, valorar y proteger.

Porque los monumentos no solo cuentan historias… también nos ayudan a entender quiénes somos.

¿Por qué no se come carne roja durante el Viernes Santo?

La abstinencia de carne roja en Viernes Santo tiene un profundo sentido simbólico y espiritual, con normas que regulan desde qué edad es obligatoria esta práctica.

Durante la Semana Santa, y especialmente el Viernes Santo, millones de católicos en todo el mundo eligen dejar de lado la carne roja en sus comidas.

Esta tradición no es solo una costumbre cultural, sino una práctica espiritual profundamente arraigada que conecta con la Pasión y Muerte de Jesucristo.

Pero, ¿Por qué exactamente se deja de comer carne y desde qué edad es obligatoria esta regla?

La carne como símbolo del sacrificio

La tradición de no consumir carne roja está directamente vinculada al sacrificio de Cristo.

En la teología católica, la carne representa la abundancia y el festín, y su consumo en días de recogimiento —como el Viernes Santo— se considera inapropiado.

Al abstenerse de ella, los fieles rinden homenaje al sufrimiento y la entrega de Jesús en la cruz.

Además, se trata de un acto de humildad y sacrificio.

Dejar de lado un alimento común simboliza la voluntad del creyente de purificarse espiritualmente y practicar el autocontrol, imitando, en cierto modo, el ayuno de 40 días que Jesús vivió en el desierto.

¿A partir de qué edad es obligatoria?

Según el Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica:

  • La abstinencia de carne es obligatoria desde los 14 años en adelante.
  • El ayuno (una comida completa y dos comidas ligeras) se exige a todos los fieles entre los 18 y 59 años.

Ambas prácticas se aplican especialmente en Viernes Santo y Miércoles de Ceniza, aunque también pueden observarse durante toda la Cuaresma, según la devoción de cada uno.

¿Por qué se come pescado?

En lugar de carne, muchas familias optan por pescado y mariscos.

Esto tiene un motivo tanto simbólico como histórico.

En la tradición cristiana primitiva, el pescado fue uno de los primeros símbolos de Cristo.

Los seguidores de Jesús eran pescadores de hombres, y muchas escenas bíblicas lo muestran compartiendo este alimento.

Además, desde el punto de vista de la penitencia, el pescado era considerado una comida más humilde y accesible en épocas antiguas, lo que reforzaba su carácter de sacrificio alimentario.

Una práctica con historia

En siglos pasados, las restricciones eran incluso más severas.

No se podía comer carne no solo el Viernes Santo, sino tampoco los miércoles y viernes de toda la Cuaresma.

Con el tiempo, la Iglesia flexibilizó estas normas, pero el sentido de penitencia y reflexión sigue intacto.

Una tradición viva

Más allá del aspecto religioso, la Semana Santa también se celebra a través de la gastronomía.

Recetas con pescado, surubí, mariscos y postres típicos como la chipa, el mbeju y el arroz con leche forman parte de las mesas familiares.

Este Viernes Santo, más que solo cambiar el menú, la invitación es a detenerse, reflexionar y conectar con lo esencial: El amor, la entrega y la esperanza que representa la historia de la Pascua.