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¿Por qué no se come carne roja durante el Viernes Santo?

La abstinencia de carne roja en Viernes Santo tiene un profundo sentido simbólico y espiritual, con normas que regulan desde qué edad es obligatoria esta práctica.

Durante la Semana Santa, y especialmente el Viernes Santo, millones de católicos en todo el mundo eligen dejar de lado la carne roja en sus comidas.

Esta tradición no es solo una costumbre cultural, sino una práctica espiritual profundamente arraigada que conecta con la Pasión y Muerte de Jesucristo.

Pero, ¿Por qué exactamente se deja de comer carne y desde qué edad es obligatoria esta regla?

La carne como símbolo del sacrificio

La tradición de no consumir carne roja está directamente vinculada al sacrificio de Cristo.

En la teología católica, la carne representa la abundancia y el festín, y su consumo en días de recogimiento —como el Viernes Santo— se considera inapropiado.

Al abstenerse de ella, los fieles rinden homenaje al sufrimiento y la entrega de Jesús en la cruz.

Además, se trata de un acto de humildad y sacrificio.

Dejar de lado un alimento común simboliza la voluntad del creyente de purificarse espiritualmente y practicar el autocontrol, imitando, en cierto modo, el ayuno de 40 días que Jesús vivió en el desierto.

¿A partir de qué edad es obligatoria?

Según el Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica:

  • La abstinencia de carne es obligatoria desde los 14 años en adelante.
  • El ayuno (una comida completa y dos comidas ligeras) se exige a todos los fieles entre los 18 y 59 años.

Ambas prácticas se aplican especialmente en Viernes Santo y Miércoles de Ceniza, aunque también pueden observarse durante toda la Cuaresma, según la devoción de cada uno.

¿Por qué se come pescado?

En lugar de carne, muchas familias optan por pescado y mariscos.

Esto tiene un motivo tanto simbólico como histórico.

En la tradición cristiana primitiva, el pescado fue uno de los primeros símbolos de Cristo.

Los seguidores de Jesús eran pescadores de hombres, y muchas escenas bíblicas lo muestran compartiendo este alimento.

Además, desde el punto de vista de la penitencia, el pescado era considerado una comida más humilde y accesible en épocas antiguas, lo que reforzaba su carácter de sacrificio alimentario.

Una práctica con historia

En siglos pasados, las restricciones eran incluso más severas.

No se podía comer carne no solo el Viernes Santo, sino tampoco los miércoles y viernes de toda la Cuaresma.

Con el tiempo, la Iglesia flexibilizó estas normas, pero el sentido de penitencia y reflexión sigue intacto.

Una tradición viva

Más allá del aspecto religioso, la Semana Santa también se celebra a través de la gastronomía.

Recetas con pescado, surubí, mariscos y postres típicos como la chipa, el mbeju y el arroz con leche forman parte de las mesas familiares.

Este Viernes Santo, más que solo cambiar el menú, la invitación es a detenerse, reflexionar y conectar con lo esencial: El amor, la entrega y la esperanza que representa la historia de la Pascua.

La población mundial superó las 8.200 millones de personas

Aunque el mundo sigue creciendo, el ritmo es cada vez más lento. África lidera el aumento poblacional, mientras otras regiones empiezan a achicarse.

Este 17 de Abril de 2025, el planeta alcanzó un nuevo hito demográfico: la población mundial llegó a los 8.220 millones de personas, según datos actualizados de Worldometer, basados en proyecciones de las Naciones Unidas.

El crecimiento, aunque constante, ya no es tan acelerado como en décadas pasadas.

Actualmente, la tasa anual se ubica en torno al 0,85%, lo que representa un aumento de cerca de 70 millones de personas por año, o unas 192.000 por día.

Sin embargo, estas cifras esconden una realidad: la humanidad está creciendo más lento que nunca en los últimos 60 años.

En 1963, el ritmo de crecimiento tocó su pico histórico con un 2,2% anual.

Hoy, más de medio siglo después, ese porcentaje se ha reducido a menos de la mitad.

¿Y hacia dónde vamos?

Las proyecciones indican que, de mantenerse las tendencias actuales, la población global podría alcanzar los 9.000 millones en 2037 y superar los 10.000 millones para 2060.

Sin embargo, no todas las regiones crecen por igual.

África avanza, Europa se estanca

El crecimiento poblacional está concentrado principalmente en África subsahariana, donde las tasas de natalidad siguen siendo altas y la población es mayoritariamente joven.

En cambio, en regiones como Europa, Asia Oriental y partes de América Latina, se observan tasas de natalidad bajas, envejecimiento acelerado y, en algunos casos, hasta retrocesos poblacionales.

El desafío global ahora no es solo gestionar la cantidad de personas, sino cómo se distribuyen, cómo se adaptan los países a los cambios demográficos y qué políticas adoptan para sostener el equilibrio entre crecimiento, recursos y calidad de vida.